Cuando hablamos de avances tecnológicos, puede que nuestra cabeza nos lleve directamente a los nuevos iPhone 11 o a las Smart TV, gracias a los que podemos ver todo lo que antes tan solo veíamos en el ordenador.
En realidad, los avances están presentes en cada rincón de nuestra vida, incluso en las cosas que pensamos que siempre han sido así y pensamos que no está presente la tecnología.
La salud es uno de esos sitios en los que la tecnología se esta convirtiendo en la base de todo si no lo es ya: Aparatos de ultima generación que nos permiten saber nuestro genoma en unas pocas horas, detectar enfermedades graves en estadios primarios facilitando su curación, el control de patologías que afectan a nuestro metabolismo de manera agresiva como la diabetes o el hipotiroidismo, de manera eficaz y sobre llevable… Expedientes en papel reemplazados por paquetes de datos, permitiendo el análisis de datos de pacientes y la construcción de bases de datos enormes que se usan en estudios e investigaciones, mejorando en consecuencia el cuidado del paciente.
Pero no todo tiene que ser tan lejano como una enfermedad que ni si quiera padecemos. En nuestro día a día, lo que comemos y bebemos, los ejercicios que hacemos, estan completamente mecanizados e influenciados por la tecnología.
Los avances tecnológicos en el deporte, por ejemplo, van mucho más allá de nuevos tipos de vestimenta o dispositivos que usan los deportistas. Ha sido una revolución de los métodos de obtención de datos estadísticos, cámaras y detectores que permiten optimizar el esfuerzo físico y plataformas para medir el trabajo.
A nivel profesional, el desarrollo de dispositivos de registro de marcas, que permiten que los resultados de las competiciones sean exactos y justos, donde antes se necesitaban los ojos de mas de tres árbitros ahora se usa una sola cámara.
Otro ejemplo es el Big Data que permite el acumulamiento y procesamiento masivo de información, y ha dado lugar a la preparación de estrategias de manera autónoma, optimizando el rendimiento de los deportistas.
Libros, blogs, webs, apps… la tecnología nos lo ha puesto muy fácil para aprender a cuidarnos mejor. Existen apps para aprender a leer las etiquetas de los alimentos, saber si un aditivo es inocuo o perjudicial, evitar un ingrediente al que somos intolerantes, crear rutinas de entrenamiento…Por ejemplo:
• MyFitnessPal: Controla el ejercicio y los nutrientes que consumimos a diario, y hace balances semanales adaptándose a las necesidades propias
• Abouit (app): Escanea etiquetas y pone una nota a los productos de alimentación, cuidados y hogar en función de su repercusión en la salud, la sociedad y el medioambiente
Además de beneficios directos sobre la población gracias al uso de la tecnología en el ámbito de la nutrición, existe una ciencia encargada de estudiar y garantizar la calidad microbiológica, física y química de los alimentos, se denomina tecnología de los alimentos.
Esta se define como la disciplina en la cual la biología, la química, la física y la ingeniería son usadas para estudiar la naturaleza de los alimentos, las causas de sus deterioros, así como los principios fundamentales del procesamiento de los mismos.
Gracias a ella podemos saber las propiedades de cada alimento, su composición e incluso estudia cómo poder modificar genéticamente ciertos alimentos para mejorarlos.
Sin embargo el avance de la tecnología no solo ha traído beneficios. Las redes sociales, en nuestra sociedad han tenido un gran impacto a nivel físico debido a la compulsiva obsesión con la imagen que se ha generado en los últimos años.
Gracias a la tecnología, y al aumento de información al alcance de todos, se está produciendo un constante autodiagnóstico y autorecomendacion sin un soporte profesional. En vez de informarse correctamente y además acudiendo a un profesional , las personas empiezan a realizar dietas y rutinas de ejercicio por su cuenta sin valorar distintas cosas que afectan a tu dieta: sexo, peso, edad, actividad física, metabolismo…
Por tanto, hay que tomarse la tecnología como una ayuda en el día a día, no como algo definitivo de lo que confiar ciegamente.


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